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El enamoramiento y «Dorian Wilde»

Al cínico le está prohibido enamorarse por un principio ético griego. Al dandi le está prohibido enamorarse por redudante dandismo. Enamorarse es descuidarse los botones del chaleco para que respire el corazón. Oscar, como su Dorian Gray, es un falso dandi al que la vida le va apuntando los pecados en secreto. «El retrato de Oscar Wilde», como el de su personaje Dorian, está escondido en un desván. Es el retrato de una dama sentimental que se aflige gorda, por un joven urgente. Más tarde, el juez le haría el retrato cruento de su vida y su alma, purulento com el de Gray.

Y todo Londres puedo verlo y toda Europa pudo verlo. El retrato de «Dorian Wilde» es el atestado del juez. Ahí está la sangre y el semen. Wilde vivió peligrosamente antes de que eso fuera una consigna, y él lo llamaba vivir y morir por encima de sus posibilidades. Sólo que aquella Inglaterra no perdonaba, y el «suegro», digamos, tampoco.

FRANCISCO UMBRAL